Al día siguiente de la muerte de J. R. R. Tolkien, el 3 de septiembre de 1973, The Times publicó un obituario anónimo con una cantidad asombrosa de detalles sobre su vida y su personalidad, que hacían evidente que el autor del texto conocía íntimamente al finado aunque su identidad se mantuviese en silencio. Con el tiempo se supo que ese autor no era otro que C. S. Lewis, el que durante tantos años fue su mayor amigo, que había escrito aquel texto de homenaje a su admirado amigo antes de morir él mismo, casi una década antes. En ese obituario se halla una de las frases que condensa en menos palabras y de forma más elocuente la esencia del profesor J. R. R. Tolkien: Él había estado dentro del lenguaje . Con ese título hace casi veinte años que Walking Tree Publishers publicó uno de mis libros de ensayo favoritos sobre el creador de la Tierra Media: Inside Language: Linguistic and Aesthetic Theory in Tolkien , escrito por Ross Smith , pionero en el estudio de la obra ...
En 1955 J. R. R. Tolkien se vino arriba. A sus 63 años ya no era solo un respetado catedrático de Oxford; también se acababa de convertir en un escritor consagrado, primero gracias a El hobbit y ahora El Señor de los Anillos . El 21 de octubre, al día siguiente de publicarse El retorno del rey , disfrutaba también del honor de impartir la charla que inauguró las Conferencias O’Donnell de estudios célticos . Sobre el papel era una disertación sobre la relación entre la lengua y la literatura inglesa y la galesa; pero poco a poco, según avanzaba, la formalidad académica iba dando paso a un manifiesto sobre los aspectos estéticos del lenguaje, a una declaración personal de sus predilecciones y finalmente a una exhibición de su arte lingüístico, fiel compañero de las narraciones que le habían convertido en «el hombre del momento» en Oxford. En el momento álgido de su alegato sobre la estética del galés, dejó caer uno de los comentarios que se han hecho más famosos —si no...